La empresa en donde trabajo mudó sus oficinas a una zona en donde yo vivía de pequeño, y cuando salgo a comer paseo por lugares que alguna vez recorrí durante mi infancia. Como es un lugar primordialmente residencial, a pesar de que en los últimos años ha crecido el número de oficinas, los paisajes no han cambiado tanto. Algunos restaurancitos y establecimientos pequeños permanecen seguramente ya como clásicos del lugar; creo que ni la disposición de las mesas ni la decoración han cambiado.

Bueno, pues estos rumbos me han traido más recuerdos de mi sociopática infancia.

La familia de mi madre vivía en esta zona, y yo pasé los primeros cinco años de mi vida en la misma manzana en la que vivían mis abuelos maternos. Los veía casi todos los días, tenía todas sus manías y virtudes a mi disposición. Los hermanos de mi madre eran, pues, mis tíos más cercanos, los que me llevaban a pasear y quienes cubrían la bondadosa función de proveedores de juego. Fueron mi primer modelo de aprendizaje social, mi primer contacto con personas que vivían en “otra casa”.

Con mis tíos recorrí muchas de estas calles que hoy día camino en torno al trabajo. Los recuerdos que me llegan son casi todos gratos, pero hay un aspecto que desde aquella época percibía en estos rumbos: las personas de esta parte de la ciudad muestran cierto desapego hacia los demás.