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  • ESCRITO 65

    Buscar la acción, el microacontecimiento pertinente que provoque una reacción en cadena…

    Contra la propaganda y las grandes campañas de marketing uno se halla desamparado, y nuestra voz se diluye porque la distribución de los mensajes en los medios está controlada y la atención de las personas resulta difusa y condicionada.

    La vía de cambio efectivo está, por tanto, en las acciones sencillas, en los microacontecimientos. Toda la propaganda y el marketing se dirigen hacia este último bastión, pero hemos de protegerlo y utilizarlo a nuestro favor, antes de que nos hagan adictos a algo y nos controlen y dirigan hasta en esos movimientos privados.

  • ESCRITO 64

    El punto más lejano con el que puedo empezar a recapitular el conocimiento o desconocimiento acerca de mi familia resulta una vaga imagen de mi bisabuela materna, de nombre Enriqueta (¿se escribiría con “H” al inicio?), a la que recuerdo como si se tratara de un cuadro de Vermeer pero mediterráneo, con una luz de ventanal alumbrándola de costado y ella cortando un trozo de jamón colgado del techo, vistiendo una bata y pantuflas, seguramente enferma de algo, porque su cara de frente no la recuerdo, o a lo mejor no quería ni vernos. A lo mejor ni siquiera estaba cortando jamón. Años más tarde, supe que esa vieja tenía gangrena en una pierna y que había conseguido morir en el hospital antes de que se la amputaran. Al parecer, su necedad y su voluntad eran de acero tajante. Me pregunto si murió “por la fuerza de la integridad” o si se quitó la vida de alguna manera más drástica.

  • ESCRITO 63

    La empresa en donde trabajo mudó sus oficinas a una zona en donde yo vivía de pequeño, y cuando salgo a comer paseo por lugares que alguna vez recorrí durante mi infancia. Como es un lugar primordialmente residencial, a pesar de que en los últimos años ha crecido el número de oficinas, los paisajes no han cambiado tanto. Algunos restaurancitos y establecimientos pequeños permanecen seguramente ya como clásicos del lugar; creo que ni la disposición de las mesas ni la decoración han cambiado.

    Bueno, pues estos rumbos me han traido más recuerdos de mi sociopática infancia.

    La familia de mi madre vivía en esta zona, y yo pasé los primeros cinco años de mi vida en la misma manzana en la que vivían mis abuelos maternos. Los veía casi todos los días, tenía todas sus manías y virtudes a mi disposición. Los hermanos de mi madre eran, pues, mis tíos más cercanos, los que me llevaban a pasear y quienes cubrían la bondadosa función de proveedores de juego. Fueron mi primer modelo de aprendizaje social, mi primer contacto con personas que vivían en “otra casa”.

    Con mis tíos recorrí muchas de estas calles que hoy día camino en torno al trabajo. Los recuerdos que me llegan son casi todos gratos, pero hay un aspecto que desde aquella época percibía en estos rumbos: las personas de esta parte de la ciudad muestran cierto desapego hacia los demás.

  • ESCRITO 62

    Disculpen ustedes mi ausencia pero, como sabrán, los que administran los blogs tienen que actualizar direcciones y no sé cuántas otras informaciones cruzadas y uno difícilmente encuentra tiempo y paciencia para colaborar.

    En fin, que ya estoy "actualizado" y seguiremos con esto de la sociopatía.

  • ESCRITO 61

    En un periódico leí que existe una organización criminal que secuestra mujeres embarazadas para extraerles los bebés en “clínicas” clandestinas.

    Para sustentar esta red, debe haber personas que paguen bien por bebés “frescos”, que incluyan un cordón umbilical y demás requerimientos. Porque no les basta robarlos de los hospitales: esta vez los delincuentes necesitan controlar las condiciones del parto...

    ¿Cuál es el sinietro objetivo?

    Traten ustedes de formular hipótesis, si soportan el vértigo.

    Y las ex-madres, una vez obligadas a dar a luz, son devueltas a la calle, despojadas para siempre de su bebé, de su salud, y tal vez no las matan sólo porque las podrían necesitar en el futuro...

  • ESCRITO 60

    ¿Qué elemento es el que detona una tragedia?

    Cuando un ambiente se “calienta” y la agresión se encuentra a flor de piel, ¿en qué preciso momento estalla la violencia?

    Porque en un parpadeo uno puede pasar de estar sentado a llenarse de sangre ajena.

    ¿Es un demonio, una voz interior, un mensaje subliminal de los medios, un fantasma, un olor?

    ¿Es la reacción química de un pequeño átomo que se equivocó de lugar?

    ¿Es un circuito que cierra en línea recta a dos voluntades destructivas?

    ¿O es el azar y nada más? (¡Qué tragedia!)

  • ESCRITO 59

    La ‘democracia”, no obstante, ha hecho mella en mi vida. En los usos y costumbres he tenido que toparme con sus “valores” y tratar de descifrar sus incongruencias.

    Así, por ejemplo, cuando era pequeño casi me convencieron de que el dinero existía, esto es, que tenía valor por sí mismo, como si fuera algo nacido de la naturaleza y por tanto nadie fuera culpable de haber decidido quién lo imprime, quién lo distribuye, quién lo significa, quién lo controla.

    Por su parte, todo el discurso de los “ejecutivos estrella que buscan la excelencia” siempre me resultó sospechoso y bastaba con ignorarlo, pero en los últimos años se ha extendido a todo tipo de empresa, negocio y establecimiento, y uno a veces tiene que tragarse toda esta palabrería cuando se topa con personas que lo usan hasta en su vida privada.

    O el caso de las ONG, que en nombre del bien común prohiben cualquier acción individual; un día nos van a demandar cuando matemos a un animal que nos ataque. ¿Qué animal o indígena las quiere como abogados? ¿Quién quiere en verdad a los abogados?

    Y la publicidad, ay, la publicidad… ¡hasta las galletas y las mascotas de los cereales pueden gritar en los anuncios!

    Hay varios cuestionamientos que pueden hacerse respecto de la “democracia”:

    ¿Por qué hemos de ser POLÍTICAMENTE CORRECTOS en el lenguaje cuando la realidad no lo amerita?

    ¿Por qué alguien tiene DERECHO a opinar de algo que no sabe, o por qué tenemos que escucharlo?

    ¿Por qué todo ha de estar dispuesto para que CUALQUIERA pueda hacer cualquier cosa? ¿Qué pasa si un mentiroso es el que grita más fuerte?

    ¿Por qué nos repiten una y otra vez que “todos” tenemos que pagar por la democracia con tiempo o esfuerzo? ¿Por qué todos tenemos la culpa de todo?

    ¿Por qué no se tolera que alguien sea intolerante?

    Me trataré de explicar mejor. No es que la democracia como idea no me agrade, pero siento que es un constructo ideológico que ES IMPUESTO a un sector de la sociedad, y que se vuelve un simulacro si se piensa que es efectiva para todos. En la práctica, pareciera que la democracia se traduce tan sólo en “el relajamiento de la disciplina”, y de allí se va extiendendo hacia el relajamiento de las ideas. Lo cual desemboca en un clima muy propicio para la publicidad, la propaganda y otros discursos enajenantes.

  • ESCRITO 58

    (PARÉNTESIS SOBRE LAS CUITAS DE UN HOMBRE SOCIÓPATA EN UNA CIVILIZACIÓN DEL SIMULACRO)

    No me tocó otra forma de vida, nunca viví en "otros tiempos", ¿entonces por qué siento que hoy día se vive en una “cultura del simulacro”?

    Lo que he leído del pasado no debería bastarme para fundamentar esta impresión de que antes había "realidades" y hoy hay "sucedáneos". Tal vez sea la actual omnipresencia de los medios de difusión lo que ahonde este malestar, este paisaje de confusion y banalidad. (Por otro lado, si crecí en esta civilización, ¿cómo advierto que hay /simulacros/?)

    Mi naturaleza no es apática, indolente, pusilánime, pero a veces así reacciono ante lo que asumo como un simulacro (como he dicho, en lo que a mí respecta, todo lo social es una comedia). Alguien podrá decir que lo que pasa es que realmente soy apático y aunque hubiera nacido en la edad prehistórica sería igual... sin embargo, ¿por qué estoy tan seguro de que no sería así? Mi naturaleza es de fuerza, de dominio, incluso sádica, pero a ratos me siento como en cautiverio, en latencia, inerte, apático en esta impresión de realidad simulada, con la certeza de que en condiciones "menos democráticas, menos sensibleras y más peligrosas" la verdadera audacia tomaría de nuevo las riendas.

    Tal vez estoy compartiendo el triste destino de mis congéneres en estos tiempos.

    En esta época de “democracia y libertad”, los hombres –el género masculino– hemos visto mellada nuestra área natural de acción. No es un argumento sexista, ni misógino, pero en esta civilización del "simulacro", en donde la fuerza física y las demás aptitudes para enfrentar ciertas fuerzas ya no son tan necesarias, tal vez resultan más funcionales las mujeres (y hasta los gays) en la acción cotidiana, y ellas han de asumir por lo tanto los roles de mando y decisión en el futuro inmediato. Por lo pronto, los hombres (al menos a la antigua usanza) estamos entrando en una etapa de desencanto, pasividad, en un estado latente, y de seguir esta inercia estaremos como los generales retirados: añorando nuevas batallas (o inventándolas).

    ¿Qué le queda, pues, a nuestro género? ¿Ver futbol y esperar a que cambien los tiempos? ¿Forzar nuestra naturaleza y vivir de lleno en el simulacro?

    ¿Nuestra caballerosidad y paciencia tendrán un límite?

    Tomando como metáfora el deporte (que de por sí es un sucedáneo), el actual signo de los tiempos se desarrolla como si, y en nombre de la democracia, se dejara jugar a las mujeres en los equipos de futbol de los hombres. ¿Qué pasaría? No es que las mujeres necesariamente fueran a jugar mal (posiblemente hasta lo hicieran “mejor” que nosotros bajo cierta perspectiva), pero simplemente NO SERÍA IGUAL. Se quiera que no, en este partido mixto se establecerían condiciones “light” (algo propio de la democracia), y muchos de nosotros ya no querríamos entrar en dicha contienda. No tendríamos ganas de SIMULAR una contienda. Y no es por misoginia (que yo adoro a las mujeres), pero muchos hombres preferiríamos hacernos discretamente a un lado, nos retiraríamos a platicar en las cantinas ante un buen vino y una sabrosa botana, y murmuraríamos sin rencor: “Que ellas se encarguen de todas las labores del mundo, que se sientan majestuosas, que lo son, y que, eso sí, no se olviden de dejarnos a nosotros la filosofía y el arte”.

  • ESCRITO 57

    MÁS SOBRE LA INFANCIA DEL SOCIÓPATA.

    Me llevaron al jardín de niños (kínder) cuando tenía yo un año más de la edad usual para el ingreso, creo que porque cuando me tocaba ir nos estábamos mudando de vivienda, o qué se yo.

    Hasta los cinco años, entonces, no había yo "convivido" con otros niños, más que en ocasiones esporádicas en los parques o en los consultorios médicos. Tan sólo jugaba con mi hermana, un año menor que yo, y con mi tío, nueve años mayor. Como los hermanos de mi madre no tuvieron hijos y a la familia de mi padre no la frecuentábamos, nunca tuve yo primos conocidos.

    No recuerdo nada de mi primer día de escuela, el despedir a mis padres y escuchar su "vas a estar muy feliz" o algo por el estilo. Como mi hermana ingresó simultáneamente, me imagino que nos sentíamos tranquilos al estar juntos. Seguramente experimenté, como lo hice más tarde al entrar en la Primaria, una difusa desconfianza al "ambiente institucional".

    La maestra/directora del kínder me castigaba con furia. Sería yo insoportable, o ella aprovechaba para desquitar conmigo sus frustraciones. Pero yo no era una blanca paloma.

    Se podría pensar que los niños que no conviven con otros, cuando ingresan por fin en un aula se vuelven víctimas de los demás. Yo puedo confirmar que no es así. En mi caso ocurrió lo contrario. Recuerdo cómo manifestaba una INOCENTE DEPREDACIÓN hacia los demás. Nunca me he considerado malo, ni muchos de aquellos niños me habían hecho daño, pero yo tengo la clara y salvaje imagen de una vocación agresiva que ejercía de diversos modos.

  • ESCRITO 56

    MÁS PREGUNTAS SOBRE LOS SUPUESTOS “ILLUMINATI”

    -¿Alguien les encargó una “misión”, o se comportan como cualquier chimpancé en su posición lo haría?

    -¿Son “extraterrestres”, “extrahumanos”, y tienen una labor de control especíifica, o se comportan así para evitar el tedio?

    -¿Son de raza blanca y, por lo tanto, genéticamente más vulnerables, lo cuál buscan compensar protegiéndose frenéticamente a través de infinitas generaciones? (Imaginemos la escena, desde la época de las cavernas: una temerosa raza blanca, físicamente débil, que ha de protegerse de especies más poderosas formando pactos trascendentales y sociedades secretas)

    -¿Se conmueven por las manifestaciones de arte, o son “inmunes” a dichos sentimientos?

    -¿Sus “valores” son distintos de los nuestros, y propagan unos valores que nos controlan, o bien los valores que conocemos son una extension impositiva de los suyos?

    -¿Conocen algo sobre el Universo, que nosotros ignoramos, o todo su numerito no es más que otra forma de lucha de poder?

    -¿Hay "Illuminati falsos", que se hacen pasar por éstos para sacar provecho de advenedizos?, lo que nos puede conducir a la siguiente pregunta:

    -¿Todos los "Illuminati" son falsos?

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